Grupo Cetep está comprometido a contribuir de manera efectiva a la prevención del suicidio: a través del apoyo, la escucha activa y la intervención. Cada joven es valioso y cada vida es significativa.
El suicidio es una de las principales causas de fallecimiento entre niños y adolescentes en todo el mundo. En Chile, las estadísticas de 2024 indican que hubo 10,3 suicidios por cada 100 mil habitantes, convirtiéndose en la segunda causa de muerte en jóvenes en el país, según datos oficiales.
La salud mental de los jóvenes enfrenta retos cada vez mayores, que demandan la colaboración de múltiples actores. La prevención del suicidio en este grupo etario en Chile es una responsabilidad compartida que incluye a familias, colegios, y organizaciones tanto públicas como privadas.
Factores de riesgo:
Existen varios elementos que incrementan el riesgo de suicidio o conductas suicidas en niños y jóvenes, tales como:
- Trastornos mentales previos como depresión, ansiedad, trastornos de conducta y TDAH.
- Experiencias negativas como abuso, violencia, maltrato, pérdidas, abandono escolar y problemas familiares.
- Aislamiento social o carencia de apoyo emocional.
- Estrés por los estudios, presión social y acoso escolar.
- Consumo de drogas.
- Cambios drásticos en el estado de ánimo, pérdida de interés, pensamientos suicidas y sentimientos de vacío o desesperanza.
Alejandra Rojas, psicóloga de Grupo Cetep, señala que «reconocer señales de alerta en niños, niñas y jóvenes es clave para intervenir antes de que el riesgo de suicidio aumente. Aunque muchas veces no expresan sus pensamientos suicidas de manera directa, pueden manifestar cambios importantes en su conducta, estado emocional o relaciones con otros que funcionan como indicios.”
Señales de alerta importantes
Para identificar a personas en riesgo, hay que poner atención a las siguientes señales:
- Mencionar la muerte, heridas, o sentir que es una “carga” o no desear continuar.
- Cambios en la conducta (aislamiento o falta de interés en actividades previamente disfrutadas).
- Variaciones en el sueño, el apetito y el rendimiento escolar.
- Desinterés en el cuidado personal.
Estrategias eficaces de prevención
Evitar el suicidio durante esta fase de la vida demanda iniciativas en distintos ámbitos:
- Garantizar la disponibilidad de psicólogos y psiquiatras, centrándose en la atención a menores y jóvenes.
- Formar al personal educativo para que identifiquen signos de alerta.
- Implementar iniciativas en colegios que promuevan el bienestar emocional en un ambiente seguro e inclusivo, con normativas contra el acoso y espacios de apoyo.
- Capacitar a padres y cuidadores para que puedan identificar señales de riesgo y crear entornos seguros donde los niños puedan expresar sus sentimientos.
- Reforzar las redes de apoyo comunitarias.
- Realizar campañas que reconozcan los problemas de salud mental, desmitifiquen creencias erróneas e informen de manera fundamentada.
- Crear líneas de ayuda y orientación, como teléfonos, chats y centros de apoyo, disponibles las 24 horas, garantizando la confidencialidad de la información.